La inquietud del nómada

Como todo buen uruguayo, Fabio toma su mate de las cinco de la tarde. El hombre es oriundo de Montevideo, pero ha vivido en Buenos Aires y otros pueblos de Suramérica. Hace dos años que se asentó con su pareja en Colonia del Sacramento, a una hora en ferry de la capital argentina, pero del lado del Río de la Plata donde los argentinos todavía pueden comprar dólares. De hecho muchos, incluyéndome, hacen el viaje en ferry y cruzan el Río para poder conseguir esa divisa tan codiciada, néctar de la sabiduría y la fuente de poder de los pueblos latinoamericanos. Según Fabio, Colonia es el único sitio de Uruguay que recibe turismo todo el año, por el tema de que el pueblecito es Patrimonio Mundial de la UNESCO. Cuando la crisis económica y la falta de trabajo golpeó a Uruguay, allá por aquellas épocas en que a todos los países les iba mal, Fabio se puso a ganar la vida haciendo artesanía y vendiéndola por diferentes rincónes del cono sureño. Como muchos otros artesanos, hizo del nomadismo su vida, viajando con lo que tenía, al hombro sus dos bandejas de madera repleta de orfebrería. Gracias a Dios, o probablemente más gracias a él mismo, Fabio puede ahora disfrutar sin camisa de un verano lindo y tranquilo en sus costas, las que lo hacen sentirse verdaderamente vivo. Y por supuesto, el mate ayuda a querer quedarse quieto.

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